Gobierno de Chile - Bienvenida la nueva forma de Gobernar Martes, 3 de Agosto de 2010

“La economía está de nuevo en marcha, está de nuevo creciendo, está de nuevo de pie y eso es algo que tenemos que reconocer y agradecer a todos y cada uno de los chilenos”

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, asistió este mediodía al XXIII Congreso General de Renovación Nacional, realizado en el Salón Plenario del Congreso, en Valparaíso. En la ocasión, destacó los logros alcanzados por el país en los primeros meses de su gestión, se comprometió a seguir trabajando por las víctimas del terremoto de febrero pasado y aseguró que el buen desarrollo de nuestra economía permitirá mejorar los niveles de desempleo y el crecimiento económico.

El Mandatario sostuvo además que “hoy, en el Chile del Bicentenario, y después de 20 años de lucha, hemos logrado democráticamente que la gente nos distinga con la tremenda responsabilidad y honor de dirigir los destinos de nuestro país. Y por eso quiero recordar por qué nos eligieron. Nos eligieron porque nos comprometimos no solamente con un cambio de gobierno, sino que con cambiar la forma de gobernar”, manifestó.

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, asistió esta mañana al XXIII Congreso General de Renovación Nacional, que se realiza en el Salón Plenario del Congreso Nacional. En la ocasión, el Mandatario hizo un repaso por su vida partidaria, valoró el aporte de RN en la transición democrática, agradeció la confianza de su colectividad que le permitió alcanzar la Presidencia de la República y destacó los logros de los primeros meses de su gestión.

A continuación, el texto íntegro de la intervención del Jefe de Estado ante los asistentes a este congreso partidario:

Amigos y amigas de Renovación Nacional. Dirigentes comunales, distritales, regionales, concejales, alcaldes, diputados, senadores, miembros de la mesa directiva pero, por sobre todo, amigas y amigos, compañeros de tantas rutas y de tantas jornadas, compañeros en tantas luchas y en tantas batallas.

Concurro hoy día, por primera vez como Presidente de Chile, ante el Consejo General de Renovación Nacional, con mucha emoción y con mucha gratitud. Pero también con una fuerza, con una convicción, con una voluntad y con un optimismo que estoy seguro refleja lo que ustedes sienten en sus corazones.

Con emoción, porque hoy día recuerdo con nitidez y con cierta nostalgia, pero sobre todo con mucho orgullo, la historia de Renovación Nacional, que hoy se agiganta en nuestro país.

Es una historia no larga. Se inició formalmente el año 87. Estamos cumpliendo 23 años de vida, pero es una historia grande, es una historia noble, es una historia fecunda.

Me gustaría comparar a Renovación Nacional con ese gran árbol chileno que es el roble. Tiene las ramas y las hojas diversas, amplias para cubrir, para abarcar a muchos sectores, pero tiene el tronco firme y unitario.

Las ramas son amplias y son diversas, lo cual refleja el espíritu de pluralismo, de libertad, de amplitud, de tolerancia de nuestro partido, pero el tronco es firme y unitario, porque está  basado en principios que todos compartimos: el principio del amor por la libertad, esa libertad verdadera, integral, que penetra hasta el último rincón del ser humano; que vive en el mundo de la política a través de la democracia; en el mundo de la economía, a través de las economías libres, abiertas, competitivas; en el mundo social, a través de este compromiso con la libertad, con la igualdad de oportunidades, con la lucha contra la pobreza. Pero que también se alimenta de valores muy profundos, que son propios de todos y cada uno de nuestros militantes y que interpretan el alma de nuestro partido: el valor de la vida, de la dignidad humana, de los derechos de las personas, de los derechos humanos, de la honestidad, del trabajo bien hecho, del sentido de responsabilidad, del amor y protección al medio ambiente, del respeto y compromiso con la familia.

Esos son los valores que le dan fuerza y unidad al tronco de Renovación Nacional.

Y por eso, cuando uno recuerda la historia, desde el año 1985, cuando con un profundo sentido del futuro y de responsabilidad con Chile, Renovación Nacional, que aún no existía formalmente, empezó a participar del Acuerdo Nacional y a prepararnos para la gran transición que nuestro país iba a tener que asumir y enfrentar.

El año 87, personas tan notables como Francisco Bulnes, como don Pedro Ibáñez, como Andrés Allamand, como Alberto Espina, sintieron la responsabilidad de reunir viejos compañeros de ruta, pero con un proyecto de futuro y formar, el año 1987, a Renovación Nacional, con un doble desafío, porque ya teníamos en mente las dos transiciones en las cuales Renovación Nacional tenía que jugar un rol señero, protagónico, visionario.

La primera, una transición que ya es parte de la historia y que es parte del pasado, desde un gobierno militar, autoritario, hacia un gobierno democrático y ciudadano. Sin duda que en eso el aporte de Renovación Nacional es inmenso y va a ser reconocido así cuando se escriba la historia.

Desde nuestro rol y aporte para perfeccionar nuestra Constitución y hacerla más democrática, hasta el gigantesco aporte que hicimos con la democracia de los acuerdos para darle solidez a esa democracia nueva y joven que estaba naciendo y no caer en los errores de tantos otros países, que hacían transiciones débiles y poco sabias, desde gobiernos autoritarios a gobiernos democráticos, los cuales a poco andar tropezaban y se reiniciaba ese círculo de inestabilidad.

Renovación Nacional nunca perdió el rumbo, nunca perdió el norte y mantuvo una línea que fue, y estoy seguro va a ser, muy reconocida en la historia de nuestro país.

Pero hay otra transición en la cual también estamos llamados a jugar un rol protagónico y visionario, que ya no es la transición del pasado ni la transición vieja, sino que la transición nueva y la transición del futuro. Y que es la gran tarea y el gran desafío de nuestra generación, la generación del Bicentenario, que es lograr que nuestro país, hoy día que estamos celebrando 200 años de vida independiente, reinicie con fuerza y con voluntad la transición desde un país subdesarrollado y con niveles inaceptables de pobreza, hacia un país que logre derrotar el subdesarrollo, que logre derrotar la pobreza, que logre darle oportunidades a todos y que nos permita a todos tener una vida más plena, más fecunda y más feliz.

Esa es la transición del presente y del futuro, en la cual Renovación no solamente no va a estar ausente, va a estar muy presente, con los mismos valores y los mismos principios de siempre, pero con nuevas ideas, con nuevas fuerzas y con nuevos entusiasmos.

En sus 23 años de vida, Renovación Nacional ha sido conducida por personas muy distintas, en carácter, en personalidad, en formas de ser, en estilos. Y quisiera hoy día recordar y homenajear a cada uno de ellos.

A Ricardo Rivadeneira, nuestro primer presidente, a Sergio Onofre Jarpa, a Andrés Allamand, a Alberto Espina, a Alberto Cardemil, a Sergio Diez y a Carlos Larraín, quien hoy día tiene la responsabilidad de dirigirnos. Sin duda todos muy distintos en carácter y estilo, pero todos unidos por su patriotismo, su amor por Chile, su compromiso y entrega y su lealtad y firmeza con los valores de Renovación Nacional.

Y a Carlos Larraín quiero decirle hoy día, no solamente felicitarlo porque ha sido reelegido para seguir conduciendo los destinos de nuestro querido partido, sino que destacar, apreciar, valorar y agradecer, y muy profundamente, su ejemplo de entrega desinteresada al servicio, no solamente de Renovación Nacional, sino que de algo mucho más grande, al servicio de Chile.

Reconocer también, Carlos, tu entrega, tu dedicación, tu cariño, junto a tu mujer, Victoria, que te acompaña, con una lealtad y un cariño que a muchos nos emociona. Y también la lealtad y la firmeza con que enfrenta los desafíos, los problemas y defiende los valores y los principios, que son el alma, el corazón, la vida y el futuro de Renovación Nacional.

Quiero también agradecerle a nuestro presidente el aporte que ha hecho por buscar una unidad al interior de nuestro sector y nuestra Coalición por el Cambio. Y también el aporte que ha hecho a los grandes triunfos que democrática y legítimamente hemos conquistado durante el período de la presidencia de Carlos Larraín. Y decirle a Carlos que también apreciamos su buen humor y dados esos logros, estamos dispuestos a tolerar a veces su buen carácter.

Pero concurro también a este Consejo General con mucha gratitud,  gratitud que uno siente desde el alma, y lo venía conversando con mi hija Magdalena, porque mi mujer acompañó a mi otra hija que se fue a estudiar a un país del norte, lo mucho que ha significado Renovación Nacional en nuestras vidas.

Es un partido en el cual he militado durante 20 años. Es el único partido político en el cual he militado en mi vida, porque todos nosotros amamos mucho nuestra libertad y, por tanto, nos cuesta militar. Y sólo militamos cuando vemos que hay un proyecto, un partido con valores profundos y con ideas fecundas, que valga la pena dedicarle la vida, como lo hemos hecho tantos de los que estamos hoy día aquí presentes.

Es un partido que me ha dado todos los honores. Que me dio el privilegio de dirigirlo como presidente durante casi cuatro años, que me dio el honor de representarlo ocho años como senador, que me designó dos veces candidato a la Presidencia de la República y que con una entrega y una generosidad realmente que emociona y llega al alma, junto a la Coalición por el Cambio y a una nueva mayoría de chilenos, me dio el más alto honor al que puede aspirar un ciudadano, que es llegar a la Presidencia de la República.

Quiero agradecer, de todo corazón, y se me viene a la memoria, hace 20 años, en este mismo salón pleno del Congreso Nacional, cuando Andrés Allamand, parado aquí mismo dijo en esta sala: “está sentado el futuro Presidente de Chile”.

Quiero decirles que si hacemos las cosas bien, con patriotismo, con lealtad, con fuerza, con nobleza, con unidad, estoy seguro de que en esta sala están sentadas o sentados muchas y muchos futuros Presidentes de Chile.

Quiero agradecer profundamente el homenaje, las palabras de Carlos Larraín, pero decirles que hoy día no vengo a ser homenajeado, sino que todo lo contrario, quiero venir hoy día a agradecer y homenajear a cada uno de ustedes, porque sé, porque lo he visto con mis propios ojos durante los últimos 20 años, en cientos de batallas electorales, en miles de recorridos por el país, la entrega, la lealtad, los sacrificios, el compromiso con que ustedes entregan lo mejor de ustedes mismos, y muchas veces sacrificando a sus propias familias, para hacer no solamente grande a Renovación Nacional, sino que para hacer grande a Chile. Y eso es algo que aprecio y quiero agradecérselos a cada uno de ustedes hoy día, con mucha profundidad y con mucha emoción.

Pero quiero también convocarlos brevemente a reflexionar sobre el sentido y la naturaleza de la tremenda, noble y gran misión que el pueblo de Chile nos ha encomendado, al elegirnos para gobernar nuestro país.

Hoy, en el Chile del Bicentenario, y después de 20 años de lucha, hemos logrado democráticamente que la gente nos distinga con la tremenda responsabilidad y honor de dirigir los destinos de nuestro país. Y por eso quiero recordar por qué nos eligieron.

Nos eligieron porque nos comprometimos no solamente con un cambio de gobierno, sino que con cambiar la forma de gobernar.

Y prometimos, y vamos a cumplir, una nueva forma de gobernar. Gobernar con fidelidad y con lealtad a nuestros principios; gobernar poniendo siempre por delante el interés del país, por sobre los intereses del partido o los intereses personales; gobernar restableciendo esos viejos valores que se habían perdido y olvidado, tan sencillos y tan profundos como hacer las cosas bien, hacer las cosas en forma honesta, hacer las cosas con un sentido de urgencia.

Y por eso nosotros pedimos, y lo hemos dicho abiertamente, que nos juzguen no solamente por las buenas intenciones, sino que muy especialmente que nos juzguen por los resultados, porque eso es lo que realmente cambia la vida y la calidad de vida de las personas.

Y hoy día ante ustedes, el Consejo General de Renovación Nacional, sin una gota de soberbia ni arrogancia, pero con un mar de confianza, convicción y optimismo, quiero decirles que la nueva forma de gobernar ya está presente y que Chile ya está cambiando y está cambiando para mejor, en estos poco más de cuatro meses que llevamos en el Gobierno.

Y dejemos que los hechos hablen por sí mismos.

Les quiero contar que el 11 de marzo, cuando terminó nuestro primer gabinete, a las dos, tres de la madrugada, y compartimos por primera vez el balance de lo que había sido el terremoto y maremoto de la madrugada del 27 de febrero, pudimos constatar no solamente que había sido el quinto peor terremoto en la historia conocida de la humanidad, porque lo fue, sino que pudimos constatar que el balance era desolador y que muchas personas, incluso en el gobierno saliente, no tenían plena conciencia de la magnitud del daño que ese terremoto y maremoto habían causado.

Más de 500 muertos, cientos de desaparecidos, gente que estaba herida, orden público quebrado, desabastecimiento de servicios básicos, como agua potable y electricidad, un millón 250 mil estudiantes, uno de cada tres estudiantes chilenos, que no podían volver a la escuela, porque simplemente la escuela estaba irremediablemente dañada y muchas veces destruida; 79 hospitales y más de cuatro mil camas de nuestro sistema de salud inutilizables por daños mayores o destrucción definitiva; 380 mil viviendas con daños, 200 mil destruidas y absolutamente inutilizables; más de 200 puentes cortados que interrumpían la conectividad de nuestro país; miles de kilómetros de caminos y carreteras destruidos; decenas de puertos, aeropuertos y empresas que estaban con profundos daños.

En ese instante nos dimos cuenta de que el invierno iba a ser un invierno muy duro y que para poder enfrentarlo teníamos que iniciar a partir de esa misma madrugada, la madrugada del 12 de marzo, una verdadera carrera contra el tiempo, contra el invierno, contra el frío, contra la enfermedad.

Y quiero hoy día hacer un balance con ustedes.

En 45 días logramos que ese millón 250 mil niños que no tenían escuela, pudieran volver y restablecer su año escolar. A través de múltiples mecanismos, escuelas de emergencia, escuelas modulares, habilitación de otros espacios públicos. Pero lo logramos.

En 60 días logramos que el sistema de salud, a través de hospitales modulares, hospitales de emergencia, hospitales militares, y aquí aprovecho de agradecer la ayuda de muchos países amigos, nos permitieron restablecer los servicios de salud para todos aquellos que habían perdido esa opción, por los daños que el terremoto había causado en nuestro sector de salud.

En 90 días construimos 70 mil viviendas de emergencia. Más que las que se habían construido en toda la historia anterior de nuestro país.

En 100 días reconstruimos más de 200 puentes, rehabilitamos los caminos, pusimos en marcha nuevamente los puertos y los aeropuertos y contribuimos a que muchas empresas que habían paralizado, pudieran también reiniciar su proceso productivo.

Por eso hoy día da la impresión como que el terremoto y el maremoto estuvieran ya distantes y lejanos. Me alegro de que estén distantes y lejanos desde el punto de vista que el Gobierno supo enfrentar esa formidable emergencia, que por lo demás es destacada por todos los medios y los analistas internacionales, que con admiración reconocen la forma en que Chile logró ponerse de pie. Pero no nos vamos a olvidar como Gobierno, porque sabemos muy bien que todavía hay mucha gente, mucha gente que espera una vivienda definitiva, mucha gente que espera recuperar su empleo, mucha gente que espera que el Gobierno siga trabajando.

Y por esa razón quiero decirles a esos cientos de miles de damnificados: el terremoto para nosotros sigue siendo una principal preocupación y compromiso de nuestro Gobierno.

Pero no solamente lo que hemos logrado en estos cuatro meses de Gobierno fue enfrentar, de una forma que realmente, cuando uno hace el balance, uno puede con tranquilidad y satisfacción decir que supimos cumplir con esos millones y millones de chilenos que fueron golpeados por el quinto peor terremoto y maremoto en la historia de la humanidad. Nunca nos olvidamos que también teníamos un Programa de Gobierno.

Y, por tanto, la segunda gran meta y es tal vez el segundo gran logro de nuestro Gobierno, fue no haber abandonado nunca nuestro Programa de Gobierno.

Habíamos prometido durante la campaña sacar a Chile de 12 años de vacas flacas en materia de economía, en que cada día crecíamos menos, cada día creábamos menos empleos, cada día caía más la inversión, cada día se debilitaban más las exportaciones.  Y dijimos “vamos a salir de estos 12 años de vacas flacas, que se habían iniciado por la crisis asiática, para reiniciar 12 años de vacas gordas y cambiar lo que había sido una especie de fiesta en nuestra economía, por la revitalización y el renacimiento del milagro chileno”.

Y déjenme compartir con ustedes algunas cifras.

El año pasado la economía chilena cayó en un 1,5%. Este año va a crecer en aproximadamente 5% y el próximo año va a crecer más. Y mi esperanza como Presidente es que el próximo año Chile vuelva a ser el país con mayor y más fuerte crecimiento en América Latina.

El año pasado perdimos 30 mil empleos. Este año vamos a crear más de 250 mil empleos. Y por eso aumenté la meta de 200 a 250 mil, para que nadie crea que porque la meta es alcanzable, puede volver a relajarse o a descansar. Y vamos a crear 250 mil empleos. Lo cual abre la puerta a la creación de ese millón de nuevos empleos con que nos comprometimos durante la campaña. Y que están dirigidos a gente de carne y hueso, a esos 600 mil chilenos que siguen viviendo el drama del desempleo, a ese millón de mujeres que quiere incorporarse a la fuerza de trabajo y que hasta ahora nuestra sociedad no se los ha permitido. A esos jóvenes que hoy día estudian y que cuando egresen van a querer  tener la oportunidad de ingresar al mundo del trabajo y ganarse su vida y sacar adelante a su familia.

Para ellos es nuestro esfuerzo en la creación de ese millón de empleos.

El año pasado la inversión cayó en más de 15%. Y este año se va a recuperar en más de 20%.

El año pasado las exportaciones se debilitaron. Este año van a volver a crecer y con mucha fuerza.

La economía, amigas y amigos, está de nuevo en marcha, está de nuevo creciendo, está de nuevo de pie y eso es algo que tenemos que reconocer y agradecérselo a todos y cada uno de los chilenos.

Pero no solamente en la economía, en crecimiento, la creación de empleos, el aumento de la inversión, el aumento de las exportaciones, sino que también revivir el espíritu de innovación, de emprendimiento, la imaginación, la creatividad y la inteligencia, que es el verdadero motor del desarrollo de nuestro país, lo que nos tiene profundamente contentos y comprometidos.

Pero también teníamos otros compromisos. Y aquí estamos hablando de los temas que realmente le importan a la gente.

Uno siempre tiene que mirar las preocupaciones de la gente. Y cuando las preocupaciones de la gente no coinciden con las preocupaciones del Gobierno, uno tiene que pensar que lo más probable es que el Gobierno es el que está equivocado y la gente que está en lo correcto.

Y por eso uno mira las encuestas, no tanto para medir los grados de adhesión, porque este Gobierno, nuestro Gobierno, está para cosas mucho más grandes que simplemente mirar las encuestas. Pero sí para mirar qué es lo que le preocupa a la gente.

Y hoy día sabemos, a la gente le preocupa, y está en el primer lugar de sus preocupaciones, la delincuencia y el narcotráfico, la calidad de la salud, la calidad de la educación, la capacidad de crear empleos y nuestra voluntad para derrotar la pobreza.

Y esas son, precisamente, las prioridades de nuestro Gobierno.

En materia de delincuencia y drogas, créanme, la mano cambió. Con la dirección y liderazgo de nuestro ministro del Interior, aquí presente, Rodrigo Hinzpeter, con el aporte de nuestro ministro de Justicia, también militante de Renovación Nacional y aquí presente, Felipe Bulnes, y muchos más, les puedo decir: en estos primeros cuatro meses de Gobierno se han detenido más personas, se han decomisado más drogas, se le han dado más golpes a la delincuencia que en mucho tiempo anterior.

La creación del Ministerio de Seguridad Ciudadana, en la cual nuestros senadores han jugado un rol muy importante, como es el caso del senador Alberto Espina, está en plena marcha.

La Agenda de Seguridad Ciudadana, que presentamos hace días atrás y que comprometió 10 mil carabineros más en las calles, ya está en marcha, y este año vamos a tener los primeros 2.500 carabineros y los primeros cientos de oficiales de la Policía de Investigaciones protegiendo a los chilenos en las calles, para devolverles la seguridad que los delincuentes les han robado.

Y podríamos seguir, pero hasta ahora hemos hecho muchas cosas, pero esperamos que también pronto empiece no solamente el tiempo de la siembra, sino que también el tiempo de la cosecha. Porque nunca perdemos de vista que lo que nos importa no es cuánto gastamos o cuánto hacemos, sino que lo que realmente importa es lo que le cambia la vida a la gente.

Y espero que cuando conozcamos las próximas encuestas sobre victimización y sobre temor ciudadano frente a la delincuencia, nos demos cuenta de que ya empezamos las primeras cosechas que nos van a permitir alimentar futuros triunfos en nuestra lucha sin cuartel, sin piedad, dentro de la ley, pero con toda la fuerza de la ley, contra la delincuencia y contra el narcotráfico, que angustian la vida de las familias y destruyen la vida de tantos niños nuestro país.

En materia de salud, también les quiero contar, se han hecho cosas que hacía mucho tiempo no se hacían.

Por de pronto, no solamente en recuperar la infraestructura y la capacidad de prestar servicios de salud producto del daño que causó el terremoto, están en marcha ya la construcción de 18 nuevos hospitales, hay más de ocho hospitales que están en plena ejecución, cientos de consultorios han sido reparados, muchos otros cientos van a ser construidos.

Y les voy a dar una noticia que ayer, cierto, que era una gran noticia, y les quiero decir a los amigos de la prensa que las buenas noticias también son noticias: el 21 de Mayo, en este mismo salón, yo afirmé que íbamos a terminar con las listas de espera de las enfermedades y cirugías Auge en un plazo de dos años. Y dije que había 360 mil compatriotas que a pesar de las garantías que el propio Auge lleva en su propio nombre, no estaban siendo atendidos como correspondía.

En poco más de 70 días desde entonces, las listas de espera Auge y de cirugías Auge se han reducido a la mitad. Y lo que eran 360 mil chilenas y chilenos esperando por una atención Auge o por una cirugía, hoy día se ha reducido a la mitad, porque 180 mil personas fueron atendidas en estos 70 días.

Eso es el alma y la esencia de la nueva forma de gobernar. Y estamos embarcados en una profunda reforma a nuestro sistema de Salud, al sistema de salud privado, que está representado por las Isapres, pero también al sistema de salud pública, porque lo importante es que los chilenos, ya estén en el sector público o en el sector privado, tengan una atención de salud como ellos merecen y requieren.

Y aquí hay una paradoja: porque los estándares de salud en nuestro país, en términos de expectativas de vida al nacer, mortalidad infantil, mortalidad materna, son muy buenas, pero al mismo tiempo la gente percibe que hay graves problemas en el trato, en la dignidad, en las listas de espera, en las colas, en la falta de medicamentos y en la falta de especialistas. Y hacia allá apunta la gran reforma a la salud que nuestro Gobierno se comprometió hacer y que hoy día quiero ratificar como un compromiso fundamental y que ya estamos avanzando y con paso firme.

En materia de educación, que es la madre de todas las batallas, y donde la cual, desgraciadamente, y es malo esconder la cabeza como el avestruz, llevamos muchas décadas sin cosechar ningún resultado significativo.

Y a pesar de que hemos aumentado el gasto en más de seis veces, la calidad de la educación, que es lo que realmente importa, no en los discursos ni en las promesas, sino que en las salas de clases y en la escuela, sigue terriblemente estancada, lo cual significa condenar a una generación tras otra de nuestros niños y jóvenes a entrar al mundo de la sociedad del conocimiento y la información, con los ojos vendados, porque no tienen los instrumentos ni las herramientas para desempeñarse en ese mundo.

Y por eso nuestro compromiso con los 50 liceos de excelencia, de los cuales 14 van a estar en pleno funcionamiento en marzo del próximo año, nuestro compromiso con aumentar las subvenciones educacionales, nuestro compromiso con una reforma profunda al estatuto y carrera docente y a la educación municipal, nuestro compromiso con mejorar la calidad de la formación de nuestros profesores, nuestro compromiso con informar mejor a los padres y apoderados de la calidad de la educación que están recibiendo sus hijos, nuestro compromiso de ampliar las mediciones no solamente al campo de la matemática y de las humanidades, sino que también al campo de los idiomas, como el inglés, e incluso la educación física, con los Simce de inglés y los Simce de educación física, están en plena marcha.

Y espero que si bien los resultados no son inmediatos, la gente se va a dar cuenta de que por primera vez un Gobierno tomó el toro por las astas en el tema de la calidad de la educación y en el tema de la calidad de la salud y en el tema de la lucha contra la delincuencia.

Y, finalmente, también en materia de pobreza y desigualdad, fue una triste noticia la que conocimos los chilenos cuando se dieron a conocer los resultados de la encuesta Casen que se había tomado el año pasado, porque había significado un doloroso y grave retroceso.

Habíamos avanzado durante 20 años y por primera vez experimentábamos un duro y doloroso retroceso: 350 mil chilenas y chilenos habían ingresado al oscuro y triste mundo de la pobreza en los últimos tres años y casi 100 mil al mundo de la indigencia.  Lo cual llevaba a que dos y medio millones de chilenos, es decir, uno de cada seis, estaba viviendo en condiciones de pobreza.

Por eso el compromiso que hicimos durante nuestra campaña, de derrotar la pobreza extrema durante nuestro Gobierno y de sentar las bases para que antes de que termine esta década, Chile sea un país sin subdesarrollo y sin pobreza, lo quiero ratificar hoy día con más fuerza que nunca.

Y por esa razón vamos a enviar en los próximos días el proyecto de ley que crea el Ministerio de Desarrollo Social. Y vamos a sacar este problema, igual como las dos hojas de la tijera cortan el papel: primero con instrumentos que apuntan a las causas de la pobreza y las desigualdades excesivas, que no son otros que la mala calidad de la educación, la falta de capacidad para crear empleos y la debilidad de la familia. Tres ejes fundamentales de nuestro Gobierno.

Pero también la otra hoja va a funcionar, que apunta a paliar o aliviar las consecuencias de la pobreza. Y por eso quiero confirmar hoy día que a partir del próximo año pondremos en marcha el proyecto del Ingreso Ético Familiar, que va a ayudar a que las familias salgan de la pobreza extrema durante nuestro Gobierno y se liberen de una vez por todas del flagelo de la pobreza antes que termine esta década.

Eso es, amigas y amigos, simplemente recuperar lo que es la buena política, la política seria, honesta, la que hace las cosas bien, la que hace las cosas en forma honesta, la que las hace con un profundo compromiso con la gente y un profundo sentido de la urgencia.

Por eso hoy día, en que hemos recorrido como Renovación Nacional un camino largo y fecundo de 23 años, quiero invitarlos a que no nos quedemos con los ojos fijados en el pasado, sino que nos preguntemos qué camino queremos seguir recorriendo durante los próximos años.

Ese es el desafío del futuro, el desafío de esta generación.

Víctor Hugo decía que el futuro tenía muchos nombres: era temor para los cobardes, eran duda para los timoratos, pero eran desafíos, compromisos y voluntad para los valientes. Y yo los invito a que hoy día más que nunca, aportemos esa cuota de coraje, de innovación, de valentía, de voluntad que nuestro país requiere para dejar atrás de una vez por todas los males que nos han acompañado durante los primeros 200 años de nuestra vida independiente, como ha sido la pobreza y el subdesarrollo. Y al mismo tiempo, recoger con orgullo los bienes que nos han acompañado durante estos 200 años de Independencia, que es el espíritu de la chilenidad, que es nuestro amor por nuestra patria, por nuestra cultura, por nuestros orígenes, por nuestras tradiciones y por nuestras raíces.

Y por eso, qué mejor que recordar a San Agustín –a quien mi mujer me tiene prohibido citar-, pero él dijo una vez algo que a mí realmente me impresionó, porque muchas veces creemos que estamos a la deriva en este mundo, y no es así. San Agustín dijo: los tiempos son como los hacen los hombres. Seamos mejores y los tiempos serán mejores.

Y por eso quiero pedirles a ustedes hoy día, porque como Presidente de Chile les digo: los necesito más que nunca, necesitamos su apoyo, su lealtad, su generosidad, su nobleza, su coraje, de todos ustedes. Y aprovecho de felicitar a nuestros flamantes debutantes en el Senado, que han sido reconocidos por sus pares como los mejores entre los mejores, mi amigo Francisco Chahuán y mi amiga Lily Pérez. Y les pido que este espíritu, este entusiasmo, esta mística, este compromiso, esta alegría que siento y respiro en este Salón del Congreso Nacional, nos guíe y nos acompañe durante todos y cada uno de los días de nuestro Gobierno.

Por eso, amigos y amigas de Renovación Nacional: arriba los corazones, porque vienen tiempos mejores.

Muchas gracias.

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