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Mejoras sustanciales al Transantiago

Transantiago es un mega error de política pública que heredamos de los gobiernos anteriores. No es raro, entonces, que haya escepticismo respecto de su viabilidad futura. Sin embargo, se puede mejorar sustancialmente para beneficio del sufrido usuario de la capital y de su bolsillo. Para ello contamos con la voluntad política de todos los sectores para poner lo suyo en materia de financiamiento -y que no vuelva a subir la tarifa este año- y dar apoyo a un nuevo marco legal que permitirá regular y fiscalizar mejor.

Esta semana presentamos el plan de recuperación del transporte público de Santiago, que se elaboró después de completar un exhaustivo análisis del sistema actual. Trabajamos bajo la lógica de detectar las fallas estructurales que impiden la estabilidad del Transantiago, para luego proponer las medidas que apuntan a su reparación y mejora, incorporando nuevos elementos, tanto en el diseño de los servicios como en el contexto financiero e institucional.

La revisión dejó en evidencia que los problemas se derivan de la combinación de un esquema de servicios incompatible con la trama vial de la ciudad; deficiente administración de las variables de diseño; uso de datos desactualizados para planificar recorridos y flota, todo lo anterior formalizado en contratos insuficientes y en un modelo de negocios que opera con incentivos mal puestos. Poco o nada de lo anterior se puede atribuir al azar; más bien se trata de una cadena de decisiones que probablemente se adoptaron sin cabal conciencia de las consecuencias graves que acarrearían. Los problemas financieros de Transantiago son el resultado directo de estas fallas estructurales.

Pero a pesar de los escépticos, confiamos en que es posible dar un giro mayor al transporte público capitalino y lograr que hacia comienzos de 2012 las huellas negativas del Transantiago comiencen a desaparecer.

No será fácil. Se requiere actuar en varios frentes de manera simultánea, y en etapas, para que los usuarios puedan acompañar el cambio gradualmente. En una primera fase, cuyo término está previsto para fines de septiembre, se trabajará en eliminar las ineficiencias que el sistema arrastra, ajustando de manera más precisa la oferta a los perfiles de demanda, tanto en términos del volumen de los viajes como del trazado de las rutas.

La fase siguiente incluirá el desarrollo de alternativas de diseño para los servicios de alimentación, teniendo en cuenta la oportunidad de implementar modificaciones hacia fines de 2011 cuando está previsto el término de los contratos actuales de los alimentadores. El plan propone modificar el esquema de zonas geográficas exclusivas y organizar las unidades de negocios según conjuntos de recorridos, lo que modifica sustancialmente el modelo actual, eliminando los transbordos innecesarios y generando opciones de elección a los viajeros.

La propuesta presentada representa un esfuerzo inédito en Transantiago hasta la fecha. Se sustenta en un camino de alto contenido técnico, objetivos y plazos concretos; reconoce las limitaciones existentes e identifica variables clave que guiarán las decisiones en la etapa de rediseño. Entre ellas encabeza la lista el beneficio de las personas que usan el transporte público, el principal objetivo de nuestros desvelos.

Columna publicada en La Tercera.

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