Gobierno de Chile

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Pobreza, crecimiento y Bono Soberano

La exitosa colocación de los bonos soberanos chilenos en el exterior, el crecimiento económico y la derrota de la pobreza tienen una estrecha relación. Veamos por qué.

Chile logró colocar US$ 1.000 millones en un bono en dólares a 10 años al 3,89%, la tasa más baja de su historia desde la primera emisión en 1822. Además, colocó por primera vez un bono en pesos (también a 10 años) por poco más de US$ 500 millones a una tasa de 5,5% anual, inferior en cerca de 0,6% a la tasa a la que se transan esos mismos bonos localmente. Esto abarata no sólo el financiamiento estatal, sino que genera un enorme empuje para la inversión. Las empresas chilenas podrán financiarse más barato fuera y dentro del país, más proyectos serán rentables y esto genera más y mejores empleos. Este dinamismo tendrá un efecto virtuoso en bajar la pobreza, una prioridad central del gobierno.

Las recientes cifras de pobreza de la Casen 2009 no sólo han dejado en evidencia la precaria situación de un significativo porcentaje de los chilenos, sino también ha demostrado la fragilidad del sistema de protección social hoy existente. Desafortunadamente, las políticas sociales no fueron suficientes para evitar que muchas personas cayeran en la pobreza durante la crisis que afectó a Chile en 2009. Es cierto que fue una crisis global. Pero mientras la economía chilena retrocedió 1,5%, el mundo cayó sólo 0,6%, y los emergentes avanzaron 2,4% en 2009.

A Chile le fue bastante por que el promedio mundial y  mucho peor que nuestro grupo de comparación más cercano. Parte de la responsabilidad está en casa.
A noviembre pasado, 2.564.032 chilenos vivían con un ingreso por debajo de la línea de pobreza. Entre 2006 y 2009 el número de pobres aumentó en unas 355 mil personas. Y en el mismo período, los niños menores de tres años viviendo en la pobreza subieron 17,8% (de 189.507 a 223.257). Un claro retroceso.

Es indudable que el alza de 36,2% en el valor de la canasta básica -que utiliza la Cepal para definir las líneas de pobreza- jugó un rol importante en el aumento de los pobres entre 2006 y 2009, producto en gran medida de un encarecimiento de los alimentos. Pero ello en nada invalida el hecho de que la fuerte recesión que vivió Chile y la destrucción de casi 40.000 empleos en 2009 afectaron los ingresos de los pobres.

El aumento de la pobreza tampoco tiene que ver con diferencias metodológicas. Al entregar la última cifra el gobierno ha mantenido al pie de la letra la metodología de los últimos 20  años, aunque ello puede cambiar a futuro. En todo caso, la falta de empleo de ninguna forma está asociada a la forma en que se mide la pobreza. Nunca la pobreza había subido en las últimas dos décadas, y este gobierno se hará cargo de reducirla.

Es un desafío que corresponde enfrentar a toda la sociedad sin distingos. Los éxitos del pasado reciente fueron posibles gracias al crecimiento y los consensos construidos por todos los sectores políticos. Los avances futuros sólo serán posibles recuperando el dinamismo económico, y con la voluntad y el compromiso de gobierno y oposición. Pero la pobreza no se agota en el debate político y económico. La multidimensionalidad de su origen y expresiones requiere del aporte y esfuerzos de todos: de trabajadores, de empresarios, de las iglesias, del mundo académico, de las organizaciones de la sociedad civil. Demanda, en definitiva, de un gran acuerdo nacional para remover obstáculos y sumar iniciativas.

En la lucha contra la pobreza es crucial que los programas sociales cuenten con un sólido respaldo de su efectividad y eficiencia. El sistema de protección social debe identificar, diagnosticar y remediar los problemas de los hogares más desprotegidos. Esto puede hacerse mejor hoy. Es indispensable también que los pobres puedan ser protagonistas de las soluciones para superar su situación.

Ese es un aspecto crucial para una correcta focalización de los recursos y para medir los resultados de las políticas aplicadas.

Pero no nos engañemos. Sin crecimiento será imposible terminar con la pobreza. Crecimiento no sólo son mayores ingresos, sino también mayores y mejores oportunidades. Un crecimiento sostenido en torno al 6% puede eliminar la indigencia al final de este gobierno. Estamos trabajando fuertemente para alcanzar esta meta. Pero si bien el crecimiento es imprescindible para reducir la pobreza, no es suficiente para erradicarla. Esto se logrará en base a una red de protección social eficiente y efectiva. Los esfuerzos del gobierno en crear nuevos instrumentos de focalización, nuevos programas sociales -y evaluar los existentes- y la modernización del mercado laboral son ejemplos de acciones destinadas a asegurar el mejoramiento de las condiciones de los más desprotegidos.

Más crecimiento significa no sólo más auxilio estatal para los más desprotegidos, significa crear condiciones estructurales para alejarlos de su vulnerabilidad. Significa más educación, mejores empleos, más oportunidades, más herramientas para permitirles ser menos vulnerables a los ciclos económicos. Permite evitar que vuelvan a ser pobres cada vez que hay una crisis.

Columna publicada en La Tercera

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